— octubre 26, 2017 a las 3:42 pm

Los caminos rurales, el equilibrio territorial y el desarrollo: la agenda ineludible

Por

Escribe Gustavo Guerra García

Cajamarca / GabrielHerrera

Cajamarca / GabrielHerrera

Los caminos rurales son, en general, los que conectan la capital de una provincia con todos los distritos y los predios agrarios. Los habitantes que viven en zonas de baja densidad (menos de 2,000 habitantes por centro poblado) son los que se conectan a través de los caminos rurales con las ciudades, con las carreteras departamentales y nacionales y con los mercados. El gobierno peruano en los últimos 20 años ha mancomunado esfuerzos con los municipios para rehabilitar y mantener los caminos rurales, pero menos del 20% de los caminos tienen un mantenimiento limitado pero permanente con pocas interrupciones.

El 80% restante tiene interrupciones, en promedio, de varios meses por año y genera que los productos no puedan salir y que, por tanto, la producción tienda a ser de autosubsistencia, poco rentable y poco articulada a los mercados. Si analizamos los ingresos agrarios y no agrarios por quintiles, el resultado es que el agricultor más pobre tiene menos ingresos no agrarios y menos ingresos totales, pues está lejos de los caminos. La falta de conectividad dificulta la diversificación productiva y limita el crecimiento de los productores rurales de forma muy significativa.

Los inventarios más actuales de los caminos vecinales o rurales señalan que existen 107,000 kilómetros de caminos vecinales inventariados, pero los expertos estiman que la cifra de kilómetros de caminos vecinales no baja de 130,000. En el Perú los habitantes que viven en centros poblados de menos de 2,000 habitantes ascienden al 40% del total de la población nacional. Por ello, la población de referencia para un programa de recuperación y mejoramiento de los caminos rurales es muy significativa y no baja de 12.8 millones de personas y el 80% de ellos (10.2 millones), vive en un terrible aislamiento por las continuas interrupciones de caminos que no tienen adecuadas especificaciones técnicas y no tienen mantenimiento regular.

El programa más eficiente y equitativo de empleo, conexión con mercados, promoción de los pequeños empresarios de la construcción y de reducción de la pobreza, sería la rehabilitación y conservación de los 65,000 kilómetros prioritarios o estructurantes de la red rural. Un programa de estas características costaría aproximadamente US$6,500 millones y favorecería a 6.4 millones de habitantes de las zonas rurales. Es decir, cuesta un monto equivalente al que el Gobierno va a gastar en la Línea 2 del Metro de Lima que sólo va a beneficiar a 500,000 pasajeros que no son pobres –ni extremo pobres- en la ciudad de Lima.

Hoy de los 107,000 kilómetros inventariados, 24,000 son afirmados y tienen mantenimiento. El resto, 29,000 kilómetros son caminos sin afirmar y 54,000  kilómetros son  de trochas carrozables de construcción heroica que se abren todos los días sin visos de sostenibilidad y que técnicamente no son consideradas carreteras. Un estudio de Richard Webb demuestra que, con todos los problemas señalados, las inversiones en los caminos han tenido un alto impacto sobre los indicadores del desarrollo. Frente a ello, imaginémonos que se podría lograr si se rehabilitaran los caminos con buenas bases técnicas y con esquemas adecuados de conservación.

 El mal estado de la mayoría de los caminos rurales genera que, en muchos casos, los profesores dicten menos días en las escuelas unidocentes, los controles prenatales no se ejecuten y los brigadistas de salud no lleguen. Los pobladores perjudicados por la baja calidad de la red terciaria o rural están lejos de todo: la comisaría, la agencia agraria, la posta, el colegio y la ciudad más cercana. En el mundo, el desarrollo agrario es “jalado” por el crecimiento económico de las ciudades, pues la demanda creciente por alimentos genera un círculo virtuoso campo-ciudad. En el Perú ese círculo está obstruido por los problemas en la calidad de la red de caminos rurales. Por ello, una parte de la demanda de alimentos es importada y el crecimiento de las ciudades en parte reactiva economías foráneas en lugar de beneficiar a nuestros campesinos o agricultores.

 En los países avanzados los sueldos de los ciudadanos urbanos y rurales convergen, pues la migración disminuye el número de trabajadores del campo por hectárea y los campesinos trabajan con una mayor productividad para alimentar a más personas. En el Perú, esto no ocurre de forma plena por falta de conectividad. El actual gobierno tiene que resolver este enorme desequilibrio territorial. Hoy, con los recursos del presente se puede hacer un gran plan de rehabilitación de la red más abandonada y atrasada de país. Sería la mejor forma de romper el ciclo de la pobreza, allí en donde más se necesita. Sí se puede.

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