— abril 12, 2019 a las 11:59 am

La superación del racismo: la gran reforma pendiente

Por

Créditos: Christian Aid Mission

Computer Hope
ROCÍO PEREYRA ZAPLANA
Especialista en análisis y diseño de políticas públicas,
regulación y desarrollo sostenible

El racismo es uno de los males enraizados en la sociedad peruana que impide nuestro desarrollo como país y nuestra felicidad como personas. El racismo es una ideología según la cual las personas podemos ser clasificadas en ‘razas’, y donde unas son superiores a otras. Si bien hoy en día no existen en el país normas, instituciones o grupos que profesen abiertamente dicha ideología, lo cierto es que este tipo de pensamiento persiste y se manifiesta en actos de discriminación racial.

De acuerdo a la normativa internacional, la discriminación racial es toda distinción, exclusión o preferencia entre grupos basada en motivos raciales, y que tenga por objeto o resultado anular o menoscabar el ejercicio de derechos1. ¿Cuáles son dichos motivos raciales? Comúnmente asociamos la discriminación racial con el color de piel o los rasgos físicos de las personas, pero otros ‘motivos’ también incluyen a las características culturales o étnicas de las personas, como sus costumbres, creencias, vestimenta, lengua, origen, ascendencia, etc.

En su dimensión más visible, la discriminación racial afecta la manera en que nos relacionamos entre personas, impidiendo el establecimiento de relaciones igualitarias. Al igual que el machismo, el racismo se ha naturalizado en la sociedad, por lo que resulta más difícil vencerlo. Su normalización se expresa en la aceptación de ‘bromas’, prejuicios raciales y prácticas racistas sin mayor reflexión. De ahí que ‘cholear’ al otro, dudar de la capacidad intelectual de un afroperuano o asociarlo a la delincuencia, exotizar o animalizar a un indígena de la Amazonía, o menospreciar al migrante sea prédica común en nuestro lenguaje cotidiano.

La discriminación racial también se presenta en su dimensión estructural, es decir, en la forma cómo el Estado se ha relacionado con las y los ciudadanos, especialmente aquellos pertenecientes a los grupos históricamente discriminados, como los pueblos indígenas andinos, amazónicos, o la población afroperuana. Esta relación se ha caracterizado por ser vertical, asimétrica o escasa, y se pone de manifiesto en el acceso desigual a servicios públicos.

Solo analizando el servicio educativo, podemos dar cuenta que no es casualidad que las comunidades Ashaninka presenten tasas de analfabetismo de 21% versus un 6% en el promedio nacional; o que solo el 40.5% de la población que se autoidentifica como indígena de los Andes haya completado la educación secundaria; o que exista una brecha significativa entre el porcentaje de jóvenes que alcanzó educación universitaria en el promedio nacional (19.7%) y en la población afroperuana (11.5%)2.

Esta relación desigual entre Estado-sociedad es, además, histórica, siendo que episodios claves de nuestra historia colonial y republicana tienen al racismo en el seno de su dinámica: la trata transatlántica de esclavos del África hacia las costas de América; la explotación de indígenas debido a la extracción del caucho en la Amazonía peruana; o la violencia diferenciada sufrida por comunidades indígenas durante el Conflicto Armado Interno.

El racismo y la discriminación racial requieren ser superados para llegar a ser un país realmente democrático. Ello requiere que el problema sea, por un lado, reconocido como un problema social que nos afecta a todos/as, lo que implica que aprendamos a cuestionar nuestras prácticas para transformarlas. El racismo tiene que indignarnos y movilizarnos en igual o mayor magnitud que, por ejemplo, la corrupción.

Por otro lado, la superación de este escollo requiere que el tema se posicione como un problema público en la agenda de las instituciones y políticos. Los daños que acarrea el racismo no son tan visibles como los desastres naturales o los accidentes de transporte, pero su impacto es tan profundo, y su mecanismo de reproducir y perpetuar desigualdades es tan perverso, que la superación del problema resulta un imperativo moral y una tarea impostergable.

[1]ONU (1965) Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial.
[2]INEI (2018) Perú: Perfil Sociodemográfico. Informe Nacional. Censos Nacionales 2017: XII de Población, VII de Vivienda y III de Comunidades Indígenas; e INEI (2018) La Autoidentificación Étnica: Población Indígena y Afroperuana. Censos Nacionales 2017.

2 Comentarios

  1. Muy claro y profundo el artículo. No podremos realmente desarrollar en paz el desarrollo del Perú, si no trabajamos para eliminar el racismo y toda forma de discriminación, aceptandonos unos a otros.

  2. Muy buen artículo Rocío. Muy bueno. Haz hecho que sienta orgulloso de ser tu amigo. Un abrazo.

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