— marzo 5, 2018 a las 8:46 pm

LA IZQUIERDA EN SU LABERINTO

Por


Rolando Rojas[1]

Una facción de la izquierda parlamentaria, el Frente Amplio (FA), con el apoyo del fujimorismo, arrancó el proceso de vacancia presidencial en diciembre del año pasado; mientras la otra facción, el Movimiento Nuevo Perú (MNP), se retiró de la votación y con ese acto le salvó el cuello al presidente Kuczynski. Ahora, después del indulto a Alberto Fujimori, ambas izquierdas pugnan por presentar un segundo pedido de vacancia, procurando atraer a la bancada fujimorista-keikista, sin la cual no se obtendrían los votos suficientes para vacar a PPK. ¿Cómo así llegamos a esta situación?

La negativa del MNP a votar por la vacancia promovida por el FA, señala la versión oficial, fue porque se corría el peligro de la renuncia de los dos vicepresidentes y que el Ejecutivo recayera en el presidente del Congreso, Luis Galarreta, con lo cual el fujimorismo acababa puesto en Palacio de Gobierno. Adicionalmente, la bancada fujimorista estaba en una arremetida contra cuatro magistrados del Tribunal Constitucional y el Presidente del Ministerio Público, sobre los cuales estaban en pendientes respectivas acusaciones constitucionales.

Esta interpretación tiene sentido. El problema es que ante la evidencia de que Odebrecht había contratado a las empresas de PPK cuando este era Premier y Ministro de Economía, el MNP no pudo generar una tercera vía. Quedó atrapado en la contradicción entre el fujimorismo y el ppkausismo. El abandono del pleno en el momento de la votación, para fines prácticos, sirvió para sostener a PPK en el gobierno. Este acto tenía un riesgo alto, pues era previsible que vendrían nuevas revelaciones de los vínculos entre PPK y Odebrecht, e incluso en ese entonces circuló la solicitud del indulto a Fujimori.

¿Cuál habría sido esa tercera vía? Más o menos la que ahora intenta el MNP: la vacancia constitucional, la sucesión del vicepresidente Vizcarra y la defensa de las arremetidas fujimoristas. Sin embargo, en diciembre PPK nos ganó la cabeza e hizo creíble su chantaje: si se iba él, nos dejaba a Galarreta ¿Era esta la situación? No lo sabemos realmente. Vizcarra nunca confirmó que fuera a renunciar. Y eso en política equivale a dejar la puerta abierta. Ahora el MNP intenta restablecer un escenario para la vacancia, pero es evidente que el giro de posiciones le ha descolocado ante la opinión pública.

El laberinto interno

El segundo laberinto de la izquierda viene con la fractura del FA y el nacimiento del MNP. Esta fractura tiene como paradoja que la candidata que alcanzó 18% en las elecciones de 2016, Verónika Mendoza, se quedó sin inscripción, mientras que el grupo que retuvo la personería legal probablemente la pierda en el 2021. Uno tiene la entrada al baile, el otro, a la danzante. Uno busca candidatos, y el otro, un paraguas electoral. Recientemente, Marco Arana tuvo un acercamiento con el alcalde de San Isidro, Manuel Velarde, quien busca una organización con inscripción electoral para postular a la alcaldía de Lima. Es probable que la tónica del FA sea esa: la búsqueda de candidatos “invitados” en la perspectiva de tener una buena performance electoral.

Por su parte, el MNP no ha podido traducir el caudal electoral obtenido en el 2016 en una organización con presencia en los sectores populares, y eficiente para recolectar las firmas necesarias para su inscripción. El acercamiento del MNP a Juntos por el Perú, de Yehude Simon, es una salida de urgencia, pero se corre el riesgo de asociar la figura renovadora de Verónika Mendoza con una organización-cascarón, y con un personaje que, además de ser un ex aliado de PPK en el proceso electoral de 2011, fue criticado por la propia izquierda debido a su papel en el Baguazo.

Ni el FA ni el MNP, pese a contar con bancadas parlamentarias, han podido construir organizaciones vivas, abiertas, bullentes de actividades e ideas. En cierto modo, el laberinto en el que están se debe a la precariedad para influir en el curso de la política nacional. El corto plazo de las elecciones municipales y las del 2021, sigue marcando la pauta de la acción política. Si esto continúa, es decir, si se pierde la visión de mediano y largo plazo (en este caso la construcción de institucionalidad partidaria), podemos llegar en el 2021 a una situación en la cual, la ascendente figura de Mendoza pierda su activo renovador, y que el FA, sin figuras potentes, dilapide su inscripción electoral.

[1] Historiador e investigador del Instituto de Estudios Peruanos.

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