Destacado, Entrevistas, Opinión, Portada — Febrero 15, 2016 a las 11:45 pm

“La izquierda ha cometido un suicidio político al dispersarse en cuatro agrupaciones”

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El historiador Antonio Zapata conversó con Gran Angular sobre el desenvolvimiento de las principales agrupaciones políticas en el escenario electoral. Afirma que la izquierda ha cometido un suicidio político al dispersarse en cuatro agrupaciones, pues  ya contaban con un voto muy reducido a causa de las experiencias de las gestiones de Ollanta Humala y Susana Villarán. Habla sobre las estrategias de campaña de Julio Guzmán y PPK, dos variantes de la derecha peruana que pelean los votos de un electorado aún indeciso. Finalmente critica el desempeño político de Alejandro Toledo, Alan García y Daniel Urresti y considera que ninguno de estos pasará la valla electoral.

Antonio Zapata

P.- Algunas décadas atrás, la tendencia en Latinoamérica eran los gobiernos de derecha, lo vimos en Chile, con Pinochet y aquí en Perú con Fujimori. Luego vimos un apogeo de gobiernos de izquierda que se inició con Chávez en Venezuela y Evo Morales, en Bolivia; sin embargo parece ser que este ciclo está llegando a su fin. ¿Qué tipo de gobierno se espera para Latinoamérica?
R.-  Lo que está ocurriendo en América Latina es que hay un declive económico generalizado, se terminó la época de las materias primas que han sido los diez años anteriores y todos los países, en algún grado, viven el tema de la desaceleración económica. La época de las ‘vacas gordas’ se terminó, y lo que ocurre en esta situación es que los continuistas no ganan, los que van a la reelección pierden, el partido del gobierno saca un porcentaje muy bajo y ganan los opositores, eso siempre sucede en ‘vacas flacas’. Mientras que en ‘vacas gordas’  lo que tenías era la reelección; por ejemplo, en el caso de Lula que fue reelecto dos veces, luego Vilma, también reelecta dos veces; Evo que ya va por 10 años y Correa igual. Entonces, en ‘épocas de vacas gordas’ quien está en el poder y tiene una política populista, que hace obras para el pueblo, tiene dinero en la mano y tiene capacidad; sin embargo, ahora que estamos en ‘vacas flacas’ que no te extrañe que más bien estos gobiernos sean reemplazados. Maduro ya perdió las elecciones legislativas; en Brasil, para las próximas elecciones no creo que gane el partido de Dilma; en Argentina ya perdió Kirchner  y no sabemos qué pasará en Chile.

Más que una confrontación entre izquierda y derecha yo veo continuismo versus renovación muy vinculados a la situación económica general.

P.- ¿Cómo ve la situación de la izquierda a nivel latinoamericano?
R.- La izquierda en Latinoamérica está en una difícil situación porque habiendo llegado al gobierno en la época del ‘boom’ de las materias primas y habiendo desarrollado políticas populistas apelando al clientelismo, al finalizar este ciclo, amenazan ser barridas en una serie de países. Ya ocurrió en Argentina; en Venezuela; en Brasil se encamina a una situación de reemplazo del gobierno y en Chile la situación es un poco distinta, porque ahí a diferencia de Perú sí hay una sociedad con un tejido social más o menos organizado, de tal manera que en Chile, los partidos de izquierda como el Partido Socialista, el mismo Partido Comunista, entre otros están enraizados en su sociedad y tienen capacidad de respuesta; de hecho Chile no viene de un largo gobierno de centro- izquierda, sino que ha habido entre el primer y segundo gobierno de Bachelet, un gobierno de derecha con Piñera. En ese sentido, vemos que el Perú es uno de los países más retrasados. Si tú comparas las izquierdas latinoamericanas con la peruana, la peruana es paradójicamente una de las más débiles que no ha logrado colocar o llegar al gobierno con alguien. En algún momento, lo ganaban los socialistas en Chile; los Kichner, en Argentina; el Frente Amplio, en Uruguay; el Partido de los Trabajadores, en Brasil; Chávez, en Venezuela; Correa, en Ecuador y Evo Morales en Bolivia; esto sucedía en todo Sudamérica excepto en Colombia y en Perú.

La izquierda peruana no logró arañar el poder en los años en que todos llegaron, y ahora está en una situación bien crítica, porque hay cuatro candidaturas que se declaran de izquierda: la de Verónika Mendoza, Yehude Simon, Gregorio Santos y Vladimir Cerrón, y eso los va a conducir a la derrota, porque hay una dispersión del voto, ninguno de ellos tiene dinero para hacer campaña, ni uno va a colocar un aviso en televisión; todo eso conduce a la fragmentación, dispersión y derrota.

Por otro lado, si otras izquierdas en América Latina han llegado al poder se debe también, a que ha habido un trabajo en la sociedad, a la presencia de partidos realmente existentes que trabajan en los distintos niveles de la sociedad con proyección nacional, a lo largo del tiempo y no solo en la víspera de las elecciones. En este sentido, la izquierda peruana si sale del parlamento la va a tener bien difícil en el próximo proceso electoral porque tampoco tiene presencia en bases.

P.- Humala llegó a la presidencia bajo la bandera de la izquierda, pero gobernó de la mano con el empresariado, dejando de lado reformas sustanciales. Por su parte, Susana Villarán dejó la sensación de que la izquierda no tiene capacidad para gobernar. ¿El viraje de Humala y esa visión del gobierno de Villarán cómo afectará a la izquierda en estas elecciones?
R.- Todo esto fue fatal para la izquierda. Si Perú no participó del ciclo izquierdista general de Sudamérica no es porque el electorado peruano no haya querido, sino porque el candidato que fue llevado por el electorado para protagonizar la versión peruana del ciclo izquierdista, lejos de cumplir con sus electores, se le ocurrió la peregrina idea de entenderse con sus rivales. Humala nombró en el BCR a Julio Velarde, –que ya había sido presidente del BCR en la época de Alan– y lo que hizo con este nombramiento fue continuar con el paquete económico que venía diseñado desde Fujimori, y que habían respetado Toledo y García. Una vez que llegó al poder, encontramos que de izquierdista no tenía nada, era pragmático, débil.

Y como si esto fuera poco, lo de Susana Villarán fue catastrófico porque es indudable que para la opinión publica su gobierno fue bastante pobre, cuando se presentó a la reelección, apenas sacó el 10% y quedó tercera. Que ella haya quedado en ese puesto es síntoma de una gestión muy deficiente. La suma de la decepción del rumbo que tomó Humala, más la gestión de Villarán dan como resultado que el voto izquierdista de corazón comprometido, se reduzca considerablemente. En esta contienda electoral ha sido como un suicidio para la izquierda porque si ya se veía un voto reducido, el dividirse en cuatro agrupaciones fue lo peor que se pudo hacer.

P.-  No se puede negar la influencia política que tiene la izquierda en el país, ¿por qué no se ha logrado consolidar las veces que ha estado en el poder?
R.- Después del 10 de abril será una bomba atómica para la izquierda, en el sentido de que no quedará nada. Lo que se tiene que pensar es en reconstruir, plantearse cómo crear nuevas masas, cómo hacer algo en los sindicatos, en los pueblos jóvenes para luego volver a la palestra. Para la izquierda Palacio de Gobierno está lejísimos.

P.- ¿Cuál es el futuro del Frente Amplio, partido que surgió bajo un concepto de unidad, sin embargo, terminó fraccionado?
R.-  Yo creo que quien tiene posibilidad es Verónika Mendoza, no sé si el Frente Amplio. Ella tiene la siguiente posibilidad: hay 19 candidaturas, pero solo dos son liderados por mujeres; Keiko Fujimori que es la favorita y la antítesis. Si se proyecta la campaña desde ahí yo creo que sí levantaría. Es a Verónika a quien veo posibilidades, al Frente Amplio no, porque es uno de los grupos que no ha logrado entenderse con los demás y es uno de los responsables de que haya cuatro.

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P.- Una gran debilidad que todavía persiste en la izquierda sigue siendo el no poder contar con una base social ¿La izquierda ha replanteado en su discurso el cambio que ha sucedido en la sociedad urbana –que actualmente representa casi el 80% del país– y en donde los sectores populares son cada vez menos pobres?
R.- El tema de la sociedad peruana; por un lado, es que es urbana y por otro, que es de  trabajadores individuales. La mayor parte de nosotros no trabaja en empresas grandes, sino que trabaja por su cuenta y esto es lo encuentras en varios sectores de la sociedad; ya sea en sectores pobres, medianamente pobres o en la clase media; vemos, entonces, en todos los sectores sociales, mucha abundancia del trabajo autónomo e independiente. Como estos van por su cuenta, no tiene gremios, ni estructuras sociales a las cuales pertenecer. Entonces, se hace difícil responder a esta pregunta porque habría que plantear cómo enraizarse en la sociedad, cómo tener presencia en el mundo social. Sin embargo, creo también que ahí está una de las claves de por qué la izquierda peruana se ha vuelto súper estructural; solo existe para las elecciones y en realidad, para llegar con buen pie a las elecciones tienes que haber hecho un trabajo de antemano en el otro terreno de enraizarte en la sociedad civil, representar a la gente, y ahí hay una batalla por organizar en los sectores populares y profesionales.

P.- En este sentido, ¿a quién busca representar la izquierda? Antes tenían mucha presencia en los sindicatos. Actualmente, ¿cuál es su base social?
R.- Todavía hay mucha influencia en los sindicatos. Lo que sucede es que estas organizaciones ahora representan a muy poca gente. Pienso en los mineros que son una pieza clave porque es una asociación muy antigua, además de ser la actividad más productiva del país y la que trae más de la mitad de las divisas que tenemos. ¿Hay federación ahí? Sí. ¿Es dirigida por un partido de izquierda? Sí, por el PC (Partido Comunista). ¿Desde hace muchos años? Sí, hay una tradición. Pero ahora pensemos en las leyes laborales; los trabajadores en planilla que son los más susceptibles de sindicalizarse son  ahora una cuarta parte del total; las otras tres cuartas partes del total son trabajadores de services,  que son contratados por un periodo determinado y en donde es casi imposible formar un sindicato. En este sentido la representación de la izquierda tiene que estar vinculada al campo del trabajo, a la gente que no tiene  fortuna y cuya principal inversión es su propia fuerza de trabajo: intelectual o manual. Ahí es a donde debería apuntar la representación de la izquierda, al trabajo.

P.- El modelo neoliberal impuesto por Fujimori va a cumplir un cuarto de siglo, y los que lideran las encuestas garantizan continuar con este mismo modelo económico que ha generado mayores desigualdades. ¿Cuál debería ser el rol y el reto que tiene que enfrentar la izquierda respecto a este tema?
R.-  Se tiene que repensar el Perú porque estos 25 años del neoliberalismo han significado transformaciones sociales muy profundas: el país ha crecido económicamente; hay una clase social que es mucho más numerosa que ayer, como la clase media; hay niveles de consumo que han crecido notablemente y que ha generado una nueva ideología que es la del “emprendedor”. El sentido común está dominado por el emprendedurismo y  hay toda una reflexión acerca de si, a través del esfuerzo individual, un emprendedor puede salir adelante y transformarse en capitalista. Pero más allá del debate, el hecho es que esta ideología ha prendido y está en todas partes. Entonces para una izquierda que quiere levantarse lo primero que tiene que hacer es presentar un discurso para un país contemporáneo, más urbano y, sobre todo, más costeño porque la mayor parte de la gente vive en la costa y complementarlo con un discurso mucho más moderno, más capitalista. La ideología del emprendedor está siendo la principal barrera para el discurso tradicional de la izquierda, está siendo arrinconado por la vigencia y la hegemonía del emprendedurismo.

P.- ¿Eso ha provocado que el electorado se identifique más con César Acuña? ¿Por qué no se ha conseguido lo mismo con Verónika Mendoza?
R.- Verónika Mendoza, no tiene los “millones como cancha” que sí tiene Acuña. Ella pudo haber tenido éxito en su carrera política, pero a la gente le interesa más el éxito asociado con el dinero.

P.- Se ha hablado mucho de la renovación del fujimorismo al deslindarse de figuras tradicionales como Martha Chávez, Aguinaga ¿Esto ha sido una decisión estratégica para conquistar el voto anti fujimorista?
R.- Siempre quedará la duda. En realidad no sabemos, si hay, por parte de Keiko una actitud sincera de representar a una segunda generación del fujimorismo o, en realidad, es una máscara para llegar a un eventual gobierno.  A estas alturas, no lo podemos saber; las dudas persisten y ese hecho implica un grado de desconfianza en los ciudadanos con respecto al fujimorismo, que es percibido con muy poca confianza. Ahora, a Keiko yo le veo algunas intenciones de formar una segunda generación, de ser más liberal que su papá; menos clientelista y más de derecha.

Una de las características de Alberto Fujimori es que era populachero, le gustaba estar con la gente del pueblo; Keiko es al revés. Fujimori se preocupaba por los 100 distritos más pobres; él era clientelista de verdad; él iba y repartía en su helicóptero a los más pobres los tenía identificados. A Keiko, más bien,  yo la veo como a una señora que quiere ser aceptada por la sociedad. En este sentido, sí hay una segunda generación, que creo que no haría lo mismo que Alberto aunque eso no significa que sería algo mejor; quizá esta generación haría algo distinto a Alberto, algo incluso peor.

P.- Keiko también ha cambiado su discurso en cuanto a los temas de derechos humanos: reconoció el trabajo de la CVR y ha pedido disculpas a  “algunas” de las víctimas de esterilizaciones forzadas –aunque no reconoce que se tratara de una política,  más bien siembra la duda sobre ellas-.
R.-  Hay dudas y estas son legítimas, no se puede creer a la primera, tiene que haber pruebas, pero sí parece haber por parte de ella un esfuerzo por hacer una segunda generación del fujimorismo. Lo que pasa es que debemos pensar que la segunda generación del fujimorismo no tiene por qué ser más progresista, más liberal y más tolerante que la anterior. Una siguiente generación significa, por ejemplo, que hay mayor consecuencia liberal, menor clientelismo, menos populismo de derechos y eso no necesariamente tiene que tomarse como un cambio abrupto de derecha a izquierda; son dos formas distintas de ser de derecha: la forma de Alberto y la de Keiko.

P.- Ollanta Humala llegó al gobierno con el respaldo del sur del país con más del 60% de los votos. Esa población –que aplaudía un discurso ‘anti minero’, demandaba mayor inclusión y mejor distribución de la riqueza- se siente decepcionada de los políticos. ¿Hacia quién va a virar ese voto?
R.- Ese voto ya no existe. O sea, ese voto existió en el 2011. Hay un porcentaje del país que tiene una postura antisistema, que cree que el sistema no se puede cambiar, que el sistema es perjudicial para los intereses de las grandes mayorías. Ese porcentaje de voto está todavía esperando ser redefinido porque está más o menos descontento con toda la oferta electoral que hay; no quieren votar por los favoritos, tampoco les llama la atención Guzmán ni Acuña. En ese contexto, ese es un porcentaje que está esperando definiciones  y si no aparecen entre los candidatos, pues ese voto va a acabar dispersándose como siempre ocurre.  Ahora, por quién podría inclinarse; me parece que por Keiko, porque tiene mucho predicamento entre los jóvenes, tiene sectores organizados en movimientos populares mucho más cerca que los partidos formales.

P.- ¿Cómo ve la situación del candidato del Gobierno, Daniel Urresti?
R.- Mejor candidato hubiera sido Abugattas, porque al fin y al cabo representa lo que ha sido el partido nacionalista, ha sido una de sus figuras de fondo y aunque tampoco le hubiera ido bien. Daniel Urresti tiene algo de payaso y la gente lo escucha porque da un poco de risa, pero nadie lo toma muy en serio.

P.- A cinco meses de la salida de Humala. ¿Cómo evalúa a este gobierno?
R.- Ha sido un Gobierno mediocre, altanero, poco político que no ha sabido ganar aliados, que no ha sabido construir una mayoría, que no ha sabido desarrollar una política; se ha enfrascado en líos con las fuerzas opositoras, y luego ha reproducido toda esta postura sectaria y poco política al interior de su propio partido. El partido nacionalista, ha sufrido un desgranamiento de su bancada parlamentaria como nunca antes se ha visto en la historia del Perú, la sangría de parlamentarios hacia otras tiendas políticas es un caso inédito en la historia nacional.

P.- Nadine Heredia ejerció un rol político muy activo y visible; incluso se la voceó como posible candidata al Congreso. ¿Cómo ve su futuro político?
R.-  Creo que, al igual que Toledo, va a tener que afrontar un proceso judicial por el tema de las agendas que la ha complicado tremendamente. Hay que considerar  primero, que las agendas no tratan sobre la época del Gobierno, sino sobre el periodo 2006 – 2011, cuando el nacionalismo era la primera fuerza de oposición. Segundo, que estas agendas tratan sobre las elecciones del 2006, cuando quedaron segundos contra García, y lo que evidencian esas libretas es que recibieron una cantidad grande de dinero y una parte se usó para la campaña y otra parte, para gastos particulares de la pareja presidencial. Como el origen del dinero es oscuro, la van a fregar no por mal uso del dinero porque –al fin y al cabo es particular, no es del Estado–, sino porque el origen es sospechoso; eso es lavado. Le van a poner un tremendo juicio, va a pasar las de Caín. La veo bien demacrada como si hubiera perdido el brillo que tuvo en algún momento de la gestión de Ollanta. Ahora mismo, la veo escondida, y cuando sale se la ve consumida.

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P.- Alan García ha tenido un fuerte rechazo en Cusco y la amazonía. ¿Cómo ve su situación? ¿Qué beneficios le ha traído la alianza con el PPC?
R.-  Alan García está muy quemado porque su gobierno ha terminado hace muy poco y ha sido un desastre  en términos de corrupción. Los casos de ‘Petroaudios’ y ‘narcoindultos’ le han hecho mucho daño. Para la gente, Alan es una persona que acompaña la corrupción, que la arrastra y entonces es una figura quemada. Él logró ser electo por segunda vez, pero entre la primera y la segunda oportunidad habían pasado 20 años; es decir, hubo suficiente lapso para que la gente olvide su anterior gobierno y para que crezcan nuevas generaciones susceptibles a ser seducidas por su verbo. La alianza con Lourdes Flores (PPC) a lo mejor sí le ha servido, si no fuera por ella quizá estaría en el suelo como Toledo; si vemos las encuestas le va mejor en los sectores A y B de Lima que es territorio del PPC.

P.- ¿A Toledo y García les está pasando la factura hechos de corrupción, como: ‘Ecoteva’ y ‘Narcoindultos’?
R.- Alan García, que no está siendo procesado, ha logrado salir limpio de todo; en el caso de Toledo vemos que aún está siendo procesado por el caso ‘Ecoteva’. Aquí, el tema es que su campaña política parece una estrategia para la batalla judicial que es la que verdaderamente le importa. Entonces, ¿quién votaría por alguien que quiere votos para ganar un juicio? La gente vota para presidente, no para que alguien particular gane un juicio. En realidad, al estar un poco confundida la estrategia política con la judicial, electoralmente no vale nada. Toledo va a sacar menos del 1%, es más yo diría que es candidato al 0.5% en los resultados.

P.- ¿A qué responde la estrepitosa subida de Julio Guzmán?
R.- El ascenso de Guzmán se trabajó desde las redes sociales, es el primer candidato que salta del mundo virtual a lo real.  Este crecimiento también puede explicarse porque Guzmán no proviene de las canteras ideológicas de los partidos tradicionales como el PPC o el APRA. En este sentido, aunque es parte de una de las variantes de la derecha peruana, no encarna un modelo burocrático de derecha tecnocrática representado por Fujimori o Acuña. Más bien, representa un liberalismo tecnocrático que predica el libre mercado.

P.- ¿Cree que Guzmán podría llegar a pelear los votos con Keiko o Acuña que son los más fuertes en los sectores D y E, y en las zonas rurales?
R.- Guzmán se sostiene en el sector C, que es donde predomina la ideología del “emprendedurismo”, donde la percepción del progreso es por el esfuerzo personal e individual. Dentro de este grupo se hallan dos opciones, los que son “hijos de la informalidad” y apuestan por Acuña, o, por el clientelismo, y del otro lado están los tecnocráticos, quienes creen que el Estado debe estar en manos de los técnicos, ahora ellos están con Guzmán, y fueron también electorado potencial de PPK.

P.- PPK  es un candidato que estuvo en subida ¿Si PPK y Guzmán tienen el mismo electorado, qué posibilidades tiene PPK de pasar la valla electoral?
R.- Junto a PPK, Julio Guzmán es parte de una de las variantes de la derecha peruana que encarna el modelo burocrático, tecnocrático. PPK comete el error de pituquear más su lista, en vez de visibilizar a figuras como: Rospigliosi, Sheput, Carlos Bruce, pues coloca por delante a Mercedes Araoz y Cayetana Aljovín. Él estaba obligado a balancear su plancha para conectarse con el Perú profundo. Ese error hace que Guzmán crezca, además es joven y es un rostro nuevo, eso es lo que atrae a buena parte del electorado.

P.- ¿Las denuncias por plagio contra Acuña afectará su candidatura?
R.- La última encuesta fue tomada antes de que estalle lo del plagio. Por lo tanto, no refleja ese punto y creo que su ascenso se ha detenido por los límites intrínsecos a una candidatura tan chicha.

P.- Walter Albán, directivo de Proética, dijo que las propuestas de los candidatos presidenciales en el Foro Anticorrupción han sido genéricas y sin fundamentos. ¿Qué opina de esta afirmación?
R.- Hay una extendida cultura de tolerancia con la transgresión, y de alguna manera, es la base por la cual la gente entiende como normal la corrupción. A partir de ahí, tienes como fenómeno mucho más material, menos cultural, el avance del narcotráfico. Los expertos hablan de que el 10% de las ganancias del narcotráfico están destinadas a la corrupción, es decir, de los 1000 millones de dólares que mueve el narcotráfico, unos 10 millones se introducirían en el sistema político peruano. El problema es difícil y encararlo no es tan sencillo como uno podría creer, pero si en algo tienes que pensar es en las instituciones encargadas de resolver el mal.

En teoría,  existen algunas instituciones del Estado que atacan a la corrupción, como la Controlaría. Lo que se ha planteado desde los planes de gobierno respecto a esta institución han sido más bien divagaciones o se ha pasado por alto este tema. Un mínimo de reflexión consecuente tendría que ser plantear qué hacer con el cuerpo institucional del Estado encargado de derrocar a la corrupción, preguntarse cómo a partir de ahí –de  reformar el aparato encargado– se puede empezar una tarea de titanes que posiblemente tome varias generaciones. Sin embargo, hay experiencia internacional de cómo se hace esto; hay algunos países que fueron bien corruptos y que, a partir de ciertas decisiones que tomaron sus representantes, empezaron a limpiarse.

P.- ¿Después de estas elecciones presidenciales va a haber un desplome de los partidos políticos nacionales? ¿Cuántas de las 19 agrupaciones y partidos políticos considera que mantendrán su inscripción?
R.- Aquellos que logren colocar congresistas. Ellos desde el Parlamento se convierten en voceros, de una camiseta, de una posición, porque a nivel de partidos organizados, como  en otras latitudes donde hay partidos en los sindicatos, en los gremios profesionales, y que actúan en todos los terrenos, en el Perú no sucede eso. En este país, los partidos se limitan a las elecciones y a la representación en el Congreso; puesto que desde el nivel sub nacional, de gobiernos locales sean regionales o municipales, en verdad es el reino de los independientes y no de los partidos. Entonces los partidos que conservarán influencia serán aquellos que coloquen gente en el Congreso que serán probablemente los nueve o 10 primeros.

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